
04/01/2012
¡Rien ne va plus!
Carlos Obeso, Director del IEL-ESADE
Sabemos utilizar el iPad pero no inventarlo, o para decirlo en fino, agregamos poco valor, lo cual no deja de ser preocupante en las difíciles circunstancias actuales.
Comentaba el economista Antón Costas en una conferencia que quizás uno de los problemas económicos de este país llamado España fuera el tener unas magníficas playas y un clima agradable. Obviamente se trataba de un comentario sin más pretensión pero que no por ello dejaba de apuntar a la evidencia de que cuando en los años sesenta le tocaba al país decidir su modelo de desarrollo, el modelo le vino en parte dado en forma de turistas.
Achacar al turismo el retraso (comparativo) tecnológico de un país, una de nuestras deficiencias competitivas más claras, es obviamente exagerado. Otros países europeos reciben igual o mayor número de turistas y no por eso presentan deficiencias competitivas. Pero sí es probable que en nuestro país el maná del turismo limitara nuestro desarrollo tecnológico mientras que en otros países como Francia o Inglaterra, ya desarrollados, lo potenció. En fin, por los informes anuales de la Fundación Cotec, sabemos que en España el consumo de sectores de intensidad tecnológica medio-alta y medio-baja ha ido creciendo, lo que implica un desplazamiento de la demanda interna hacia productos manufactureros con mayor contenido tecnológico; pero ese crecimiento se ha cubierto en gran medida con el aumento de las importaciones. Sabemos utilizar el iPad pero no inventarlo, o para decirlo en fino, agregamos poco valor, lo cual no deja de ser preocupante en las difíciles circunstancias actuales.
Al turismo le siguió el crédito barato, consecuencia de la entrada en la zona euro con las consecuencias de todos conocidas. No por casualidad las bodas en el Levante español en los años de la burbuja acababan con los novios y sus invitados lanzando ¡vivas! entusiastas a los planes de ordenación territorial. Dinero fácil y sensación de riqueza. Para quien quiera saber más, les remito al libro “nada es gratis” del grupo de economistas que se hacen llamar Jorge Juan y que forman parte FEDEA. Es un libro que se entiende.
Lo que nos ha pasado se parece bastante a lo que ocurriría en una localidad como Lourdes si de un día para otro dejara de manar el agua bendita. El negocio se hundiría. Que es, por cierto, lo que nos ha ocurrido, porque pasar del 8 al 20 % de desempleo es claramente un desastre, aunque es verdad que no todo el país se ha hundido por igual y que hay zonas -las que tienen buena relación con el dichoso valor añadido- que capean el temporal.
A partir de aquí la pregunta obvia es: ¿Qué hacer?. La respuesta o las respuestas ya las están apuntando los diferentes actores sociales. La primera es seguir más o menos igual. Si potenciamos el modelo de ser la Florida de Europa (en la costa con sol, claro, no en Bilbao) atrayendo a muchos jubilados europeos, y eso lo complementamos con el modelo Las Vegas (el proyecto de macrocasinos en Los Monegros, la última oferta de un simulacro de Las Vegas en Cataluña y lo que caiga) podríamos absorber parte de la mano de obra no cualificada, que hoy está parada, con mas construcción y los posteriores servicios. Como la canalización del dinero negro está bien engrasada, el comercio de droga es el mayor de Europa y la prostitución está organizada a nivel industrial, tenemos las condiciones para que el modelo prospere. Si, además, logramos que el euro se desdoble en un euro fuerte y en un eurillo con la consecuente Europa de las dos velocidades (no hace falta saber en qué velocidad nos tocaría estar), la cuadratura del círculo estaría cerrada. No es ni de lejos un modelo imposible y más de un grupo de presión debe estar estos días trabajando fuerte sobre el tema.
El segundo camino se basa en favorecer el desarrollo de la sociedad del conocimiento. Ese desarrollo lo podemos potenciar de dos maneras complementarias: la primera, creando las condiciones para atraer inversión que añada valor, y aquí la formación es fundamental. Como este comentario la hago para la revista que más y mejor ha tratado y trata sobre nuestras potencialidades formativas (muchas) y sobre nuestras deficiencias (conocidas), nada más voy a decir.
El complemento a esa formación, que es condición sine qua non, tiene que venir de un desarrollo decidido de planes industriales que sirven de guía a las actuaciones del sector público y privado; y aquí la creación de nuevas empresas es fundamental. La Kauffman Foundation, en su informe del 2009 "Where will the jobs come from?", apunta a que más del 60% de nuevos puestos de trabajo (en USA) vienen de la creación de empresas. Pero al hablar de planes industriales, fundamentalmente para canalizar la financiación y el trato fiscal favorable, lo que queremos decir es que no cualquier nueva empresa va a entrar en los planes. Solo las que apuesten por sectores de alto valor añadido, que estén bien integradas en redes de innovación, con claros perfiles emprendedores, podrán ser objeto del plan. O sea, los bares no entran.
La segunda opción es claramente lenta, no va a crear mucho empleo a corto plazo y va a exigir esfuerzo y concertación social entre los actores políticos. La primera es más atractiva y puede enganchar bien con una cultura que todavía piensa que los buenos viejos tiempos volverán con el atractivo de que necesita poco Estado. Por dónde iremos no lo sabremos hasta que pase un tiempo después del 20-N. Yo, por si acaso, ya he recomendado a mis hijas que se apunten a cursos de croupiers.
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